ANTOLOGIA
Ministerio de Instrucción Fúlica y Previsión Social
BIBLIOTECA ARTIGAS
Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950
COMISION EDITORA
Prof. Juan E. Pivel Devoto
Ministro de Instrucción Pública
MarU JtTLIA ArdAO
Directora Interina del Museo Histórico Nacional
Dionisio Trillo Pays
Director de la Biblioteca Nacional
Juan C. Gómez Alzóla
Director del Archivo General de la Nación
Colección de Clásicos Uruguayos
Vol 69
Delmiha Agustini
ANTOLOGIA
Preparación del texto a cargo del
D£PARTAM£mT> BE InTESTIGACIDNES DE LA BIBLIOTECA NACIONAL
DELMIRA AGUSTINI
ANTOLOGIA
Sdección y prólogo de
ESTHER DE CACERES
DON ACION
JE^UALDO S0S4:
ms.e
MONTEVIDEO
1965
0.373 902
PROLOGO
Por dog diversas vías, en la puerta de mi adoles-
cencia, tuve yo noticia de Delmira Agustini, y desde
entonces siempre, por las dos diversas vías, ella me 'Ha'
llegado, hasta quedarse al fin sus imágenes y sus 'can-
tos en mi alma, ya libres de mundo y tiempo, en las
más secretas zonas de mi ser asombrado.
Recuerdo aquellas dos vías. Una por voz opaca y
multitudinaria de gentes poseídas por nerviosa curiosi-
dad. Era en una calle de Montevideo marginada de plá-
tanos; una calle a la que se asomaba mi infancia angus-
tiada o feliz, entre apacibles azulejos, misterioso aljibe,
jazmines del cielo.. . Era un cortejo fúnebre que lle-
vaba a dormir entre cipreses a dos criaturas jóvenes,
unidas por el signo de la Muerte. A la vez todos los
diarios daban largas crónicas, sensacionales fotogra-
fíasi» entre las que aparecían resplandecientes poemas
de Delmira Agustín i como una réplica de voz sobrehu*
mana al sórdido lenguaje conversacional.
La noticia caía así sobre mi alma como una sorpre-
sa chocante y áspera* Y ni la luz plateada de los azu-
lejos, ni la verde sombra dulce de los plátanos podifan
ya amortiguar este paso de la infancia transida amar-
ga y oscuramente por un extraño luto y un plañir in-
forme; por aquel ruido que violaba loa silencios sa-
grados de la Muerte.
Luego la otra. la noble vía. Era la voz maravillosa
de María Eugenia Vaz Ferreira en su primera lección
de la Universidad de Mujeres. Ya no el paso fúnebre;
vn
PROXjOGO
ya no la anécdota. María Eugenia decía la belleza de
los poemas de Delmira; la vida variante de aquel ser,
evocada a través de sus más hermosos versos, para
que aprendiéramos la belíeza de la forma y el misterio
sagrado de la Poesía, Y María Eugenia casi cantaba
en la penumbra de un aula inolvidable:
Hace tiempo, algún alma ya borrada fue mía...
Se nutrió de mi sombra. . . Siempre que >o quería
el abanico de oro de su risa se abría,
o su llanto sangraba una corriente más. . .
Supe así la distancia entre anécdota y categoría.
Supe la permanente imagen de una Delmira geniaL Y
esta separación entre las circunstancias biográficas y
el esplendor de la obra poética, la victoria del Arte;
tal se nos dice hoy en el grave fundamental ensayo de
Merleau Ponty sobre Cézanne; o como Emilio Orib»
dijo con lucidez en su glosa sobre la misma Delmiru,
al estudiar las diversas etapas del erotismo en su obra.
A través de los años seguí recibiendo la noticia pOü
tal doble vía; la versión y valorización de egos gran^
de» poemas, y la insistente versión biográfica, que so
va a juntar, en el recuerdo, con aquel híbrido mide
opaco, nacido en la sensualidad enfermiza, en la curio^
sidad vulgar, en el frivolo sen&acionalisrao, inquinen*
do sobre un anecdotario atisbado sin la intimidad y el
temblor que toda vida y toda muerte han de despera
tat. Ese persistente ruido de pesadilla se me junta, «S,
con aquel ajetreo de la calle, con aquel comentario
en que una mezcla de compasión, asombro, y cautelo-
sa reserva no exenta de acento farisaico me desconcer-
taban.
Y la voz de María Eugenia Vaz Ferreira. libre y pa-
ra, venee, en el aire del recuerdo; canta otra vez en
vra
PROLOGO
mi; dice la belleza inmortal del verso; conduce mí al*
ma hacia loa más gloriosos poemas de la creadora
extática:
. , .Alma que yo ondulaba tal una cabellera
derramada en mis manos... Flor del fuego y la cera
Murí6 de una tristeza mía. . . Tan dúctíl era,
tan fiel, que a veces dudo si pudo ser jamás . .
Llevada por el eco de aquella lejana voz, por el eco
de aquella música, entro yo en los poemas de Delmi-
ra Agustini y en el ámbito de este libro que otra vez
lleva su alma misteriosa y sola hacia el aire agitado
del mundo; y hacia las almas misteriosas y solas que
se acerquen a sentirla.
Y llego otra vez a sus cantos.
Se ha querido que en la Biblioteca Artigas aparez-
ca una Antología de poemas de Delmira Agu8tini«
Difícil misión es la de seleccionar, en obra extensa,
valiosa, sumamente representativa y original, los poe-
mas mejores. Difícil establecer un criterio para la se-
lección, aunque domina en mi, naturalmente, la ten-
dencia de elegir aquellas composiciones que tienen más
valor en sí- Podrían regir otros criterios: entre ellos,
el que considera a los poemas como elementos de un
proceso^ lo que nos llevaría a incluir en la selección
aquellos versos que tienen en sí rasgos fundamentales,
que se van desarrollando a través de la obra, hasta
repicar en plenitud.
Incide también sobre el criterio de selección la bue*
na tendencia a mantener la unidad y armonía del li-
bro, la progresión de los cantos, y la visión permanente
del alma y destino de la autora*
IX
PROLOGO
El antologista se ve, pues, en graves dificultades;
ha de ajustar el criterio de selección; ha de mantener
cierta objetividad lúcida, y cierta libertad con respec-
to a los gustos y tendencias sensacionalistas de la épo-
ca; ha de estar atento, con oído y corazón pulsátil,
a la esencial relación entre expresión y ser del creador.
En el caso se excluyen, naturalmente, los poemas de
la colección "La Alborada'^ registrados en la edición
oficial que el Ministerio de Instrucción Pública realizó
bajo los auspicios del Gobierno de la República, en el
año 1940, con el prólogo y dirección de Raúl Montero
Bustamante.
Esa serie de poemas, que se incluyeron en la referida
edición, fueron entregados por los familiares de Del-
mira Agustini; vienen de su niñez: la escritora, con
razón, no los juzgó dignos de publicarse. Podrían ser
utilizados para el estudio de su proceso, pero, en ver-
dady hasta hoy no vimos que hayan sido utilizados
para ningún estudio crítico que justifique tal publica-
ción. Por lo demás, juzgo que tales documentos pue-
den ser consultados en los sitios en que ellos se ar-
chivan»
Elegimos, pues, fuera de esa zona final de la edi-
ción de 1940, los poemas que se incluyen en las obras
tituladas: El Libro Blanco (1907): Cantos de la Ma-
ñana (1910); Los Cálices Vacíos (1913); El Rosaría
de Eros y Los Astros dd Abismo; ediciones póstuma^
estas dos últimas, aparecidas en el año 1924.
Si en algún momento hemos sufrido al hacer la se-
lección, al excluir poemas que siempre tienen un valor
y en los que siempre hay algún rasgo, algún paso ge-
nial, nos hemos serenado pensando que todo creador
desea, en fin, tener su antología, y antología rigurosa,
cuanto más alta es su conciencia de Arte. María Eu-
PROLOGO
genía Vaz Ferreira dio el ejemplo más severo enlre
nosotros de ese rigor, resolviendo, después de tan de-
licadas cautelas ante los riesgos de la publicidad, la
edición de los poemas severamente elegidos entre un
gran número de los que, con criterio muy seguro y
bien probado, tomó los más valiosos y representativos.
Hemos de agradecer siempre a Carlos Vaz Ferreira el
respeto con que cumplió esa voluntad de su hermana
al realizar la edición postuma de La Isla de los Cán^
ticas.
En cuanto a la actitud de Delmira Agustini frente
a los poemas que fueron publicados como obras pos-
tumas, algo sabemos, según la nota que figura a con-
tinuación de Los Cálices Vacíos y en que la autora
dice:
"Actualmente preparo "Los astros del abismo",
"Al incluir en el présenle volumen, segunda edi-
ción de "Los cantos de mañana^' y parte de "El libro
blanco'' estas poesías nuevas, no he perjudicado en
nada la integridad de mi libro futuro. El deberá ser
la cúpula de mi obra.
"Y me seduce el declarar que si mis anteriores li-
bros han sido sinceros y poco meditados, estos Cá-
lices vacíos*\ surgidos en un bello momento hiperesté-
sico constituyen el más sincero, el menos medita-
do. • • y el más querido."
Los poemas han sido elegidos, pues, entre lodos los
que la autora publicó y los de esta última zona, que
según la nota transcripta, ella califica como querida
y valorizada.
Y los he ordenado sin seguir el plan cronológico
de la edición oficial ni el de las ediciones originales,
buscando cierta relación de valores y cierta armonía
XI
del libro, que no sé si pude conseguir, pues se ti«l:a
de aventura difícil.
Vuelvo a pensar en el arduo trance de elegir; en el
esfuerzo necesario para sobrepasar el límite de los
gustos y tendencias particulares del antologista; en lae
inhibiciones que el respeto y la admiración determinan
ante la exclusión de algunos poemas. Y otra vez el re-
cuerdo de lo9 creadores severos y humildes, el recuerdo
de los verdaderos creadores que en verdad quieren
perdurar según sus obras más logradas, amortigua to»
do resquemor. Y pienso en este último ejemplo que en*
contré, en el colofón de obras completas de aquel poeta
romero, de León Felipe, editadas por Losada en el año
1963. Allí se dice que León Felipe sólo accedía a una
restringida antología de lo que a él le parecía valede-
ro, pues según su opinión, al examinar el conjunto
"apenas se tienen en pie unos cuantos poemas. Den-
tro de unos año? — cree — no se sostendrá ni un
verso". . .
En la edición de Delmira Agustini hecha en 1940;
los poemas aparecen ordenados según fue su apari^
ción en las distintas ediciones. Es una buena norma;
puede también, en un libro que tiende a mostrar anto-
lógicamente los poemas que se juzgan de más valor,
realizarse una ordenación distinta, dirigida a la uní*
dad del conjunto.
En la edición titulada Poesías Completas (en reali'
dad no lo son) que publicó Losada, Alberto Zum
Felde resuelve el problema. En una primera zona del
libro, la Antología hecha por el crítico. Luego las com-
posiciones que aparecen, dice Zum Felde, "en la
propia edición que la poetisa hizo de sus poemas, en
1913 ÍEd. Orsini Bertani, Montevideo, 1 vol.) en la
que incluyó, bajo el titulo general de Los cálices m-
PROLOGO
CÍ05, (jue es la primera parle del libro y última en la
cronología de su producción^ partes seleccionadas de
Cantos de la mañana y de El libro blanco aparecidos
en a£os anteriores".
La edición de la Biblioteca Artigas es más limitada,
más severa, dando al lector sólo una Antología en
parte coincidente con la de Zum Felde. El lector po-
drá encontrar en otras ediciones los poemas que no
están en esta selección; o hallar, como piedras precio-
sas, en algunas citas de nuestro Prólogo momentos ex-
traordinarios que resplandecen en diversos poemas que
han sido excluidos de la Antología, pero en los que
siempre surge, viva y original, la expresión del ahna
intensa, de la inspiración alada, del poderoso genio
de esta gran creadora.
Varias ediciones, con prólogos y notas, de la obra
de Delmira Agustini; algunas biografías y muchas
glosas periodísticas, han intentado dar la imagen de
la poetisa y la caraclerización de su obra.
La crítica sobre tan delicado tema avanza lenta-
mente. Yo evoco aquí momentos que parecen funda-
mentales en esa crítica. Es primero el estudio de Al-
berto Zum Felde recogido en su Proceso Intdecttud
del Uruguay y válido por sí mismo, por sus serios,
intrínsecos módulos y además por el definitivo jui-
cio de valor que allí se establece. Ese trabajo se com-
plementa con el Prólogo que Zum Felde ha publicado
al frente de Poesías Completas de la autora, editada
por Losada, ensayo en que el crítico realiza una revi-
sión de la obra, patentizada luego por un primer ca-
pítulo — digamos — en que se da rigorosa antología
de las composiciones.
Después de reiterar los conceptos que con lucidez
expresara a raíz de las primeras lecturas de los poe-
paOLOGO
mas, marca con agtidesa la doble condición de los mis*
mes: si bien ligados a las circunstancias de la histo-
ria literaria de la época, ellos se diferencian notable-
mente y logran una jerarquía original. Dice Zum Fel*
de: ^^Si la esencia de su poesía es universal e intem-
poral — válida en todo lugar y toda época — por
cuanto atañe al fondo permanente del alma humana y
de la humana realidad — el acento de su expreaién,
el lenguaje en que tal universalidad tomó forma se
relaciona necesariamente con los caracteres propios de
la época en que apareció. La obra, como la persona-
lidad misma, aun cuando sean origínales en su rafa
y perennes en su valor, están condicionadas por los
caracteres históricos* Y en tal plano, la poesía de Del-
mira participa, en mucho, de aquella atmósfera lite*
raria del siglo y de aquel conjunto de elementos que
definen una etapa de la cultura''* Y después de afir-
miar que el estado de alma y los caracteres de expre-
sión propios de la literatura post-romántica en el údi-
timo tercio del siglo XIX — y para América bastfinte
entrado el Novecientos — viven de modo intensísimo
en las poesías de Delmira Aguslini, como en Rubén
Darío y en Herrera y Reiasig, afirma: "Pero Defam-
ra —como aquellos maestros de la lírica hispano-
americana^ aunque por otros fundamentos, pues que
no fue una artífice del verso, como ya comproba-
mos — y contiene en sí aquella entidad ingénita que ^
necesaria para sobrevivir y permanecer, cuando los
elementos puramente históricos han caducado, en fsl
curso de la inevitable y salvadora renovación; y cuan-
do la mayoría de los escritores y artistas, conforma-
dos y limitados por la psicología y el lenguaje de
una época dada, han caducado a su vez, marchitos sus
valores precarios, por no haber podida arraigar en la
XIV
PBOLOGO
zona profunda de universalidad que no <afecta el cam-
bio de los tiempos'\
Emilio Oribe, con sensibilidad y penetración de poe-
ta, contempla en Poética y Plástica la altura y pro-
fundidad de la obra de Delmira Agustini; va al se*
creto de su alma. Se refiere» con delicadeza e inteli-
gencia, a diversos poemas que glosa de este modo:
"Lo creado en estos ejemplos participa de lo que la
lírica logra concretar en ciertos predestinados, que,
por una modalidad especiali£ima, adquieren la virtud
angélica, doblemente angélica por su claridad y su
pureza, que la logran hacer perder las particulari-
dades camales o humanas de tal mujer o de tal
hombre". **E1 bagaje material de esa poesía es casi
nulo; el limo de la carne, especie de pecado original,
que trae cada poeta en su destino, se ha transfigurado
desde ya, haciéndose luz o música. Hay una voz que
canta asi en la Edad Media y es aquel joven Dante
de los sonetos y canciones. Hay otros que lo superan
por momentos y son Keats y SheÜey/^
Y glosando aquel bello poema El poeta leva el an-
cla... dice todavía: ^'Se trata de una poesía lírica
en su más definida esencia. No es la voz de una mujer,
ni la de un hombre: participa de ese carácter angélico,
con que vienen revestidas las mejores revelaciones del
lirismo. La poesía, de un solo trance de inspiración
se ha revelado directamente con una creación que ge
desvincula de la vestidura humana. Es una imaginada
aventura viajera, de carácter alegórico, como es en
último término la poesía que la imaginación crea, más
allá de los datos de la realidad o de la experiencia in-
terna. El elemento lírico, lo que la imaginación diá-
fana y difluyente crea, se tiene que apoyar, para per-
petuarse, en la idea alegórica, la idea vecina át la
XV
PBOLOGO
idea pura, que es más poética cuanto más vaga y mu-
sical se vaya manifestando".
En tan importante ensayo no se abordan las rela-
ciones de la poesía de Delmlra Agustini con ios mó-
dulos de la época, ni los desniveles de la obra. Pienso
que aquellas relaciones son propias de las composi-
ciones de menor entidad. Los poemas de valor defini-
tivo viven en un aire de libertad, de gracia original^
que los separa de todo acento común y vulgarizado»
Si bien no es inútil, ni es injusto, marcar esos des-
niveles, esas zonas de influencia y contaminación; si
bien tal ejercicio lleva a separar loa poemas inmorta*
les de Delmira, justifica la selección necesaria^ desta-
ca los valores originales, en nuestro espíritu queda la
frase con que, el ensayista, al estudiar los más inten-
sos y representativos poemas, al glosar aquella Ffe-
garia admirable, acota con significativa afirmación:
"Para cantar se ha tomado en apolínea^', una buena
clave para el estadio de estos cantos y de toda aba
Poesía.
Esas páginas sutiles contestan categóricamente a to-
das las limitaciones y equívocos contenidos en la vul-
gar expresión poesía femenina, asomándose al gran
misterio de aquellos dobles aspectos de la personali-
dad que se dan en loa glandes seres; el rasgo de la
caridad propio de la mujer y el aspecto realmente he-
roico del hombre, revelados como una doble realidad
en los grandes santos y simbolizados en las expresio-
nes de las LfCtanías Lauretanas cuando equiparan *^a
la imagen femenina de la '*roaa mystica'^ las imágenes
masculinas de '^speculum justitiae'' y "turris Davi-
dica^'.,« (A propósito, y como cuando pensamos en
el alma y los cantos de María Eugenia Vaz Ferreira,
vienen a, mi recuerdo laa ideas fundamentales de Gar-
xn
PROLOGO
trude von Lefort expuestas en su libro La mujer
eterna) •
Desde lejos, concepto paralelo se insinúa en el estu-
dio de Zum Felde^ cuando evoca la sensibilidad pro*
fundamente femenina de nuestra poetisa — ^'esencia y
símbolo de feminidad ella misma" — , indicando que
su verso es al mismo tiempo, ''de una virilidad cere-
bral no alcanzada, tal vez hasta entonces, por ningu-
na otra poetisa» no siendo Santa Teresa» la sublime
doctora'* , . .
En nuestros días han aparecido nuevas notas críti-
cas a tener en cuenta: las que publicara en el pasado
año, en la Página Literaria que dirige, Arturo Sergio
-Visca. Afirma en ellas la necesidad de excluir con pru*
dencia y buen gusto el abuso biográfico que despola-
riza la atención y la lleva a donde no están realmente
la autora y sus valorea. Si ese abuso biográfico es
siempre desorientador e inadecuado*, en el caso de DeL
mira Agustini se da con máximos riesgos. Insiste luego
el crítico en los desniveles de la obra, estudiándolos
con cautela. Y marca el acento sobre la afirmación
difundida de que existe una línea fundamental, meta-
física, religiosa, en esta poesía, negándola y sostenien-
do la primacía invasora de la línea erótica* Era el cri-
terio de nuestro inolvidable Lauxar. Es evidente que
ha habido abuso y desenfoque en la caracterización
de Delmira Agustini como poeta de fondo metafísico.
Una discriminación de los poemas, e incluso, de los
momentos en que ellos fueron creados, un estudio del
gradual de lo erótico a través de la obra, tal como
se establece en el ensayo de Emilio Oribe, pueden
aclarar este punto.
Anie el abuso de la investigación y exhibición bio-
gráfica, que arreció en el pasado año con motivo de
xvn
2
PBOLOGO
conmemorarse un aniversario de la poetisa, en útil y
puntualizadora nota titulada '"Mito y Biografía de Del-
míra Agustini'*, escribe Sergio Visca: — bueno es re-
cordarlo — "Obra y vida se amalgaman confusamente
y una y otra pierden sus nítidos contomos. La cir-
cunstancia biográfica, entonces, en vez de ayudar a la
comprensión y valoración de la obra sólo sirve para
enturbiar el juicio crítico".
En sucesivas notas muestra los rasgos de algunos
poemas, señala la necesidad de una selección afinada,
y marca con sutileza el elemento alegórico, indicando
^'cómo lo subjetivo se expresa en algunos poemas indi-
rectamente y cómo aparece en tanto que el creador es
el personaje de la alegoría".
Este es el personaje magnífico que aparece en los
poemas* Es nuestra Debnira Agustini.
La condición angélica, el estado apolíneo, el des-
tino extraño, la originalidad esencial, sitúan a la pee*
tisa en un ámbito irreal de soledad que la diferenciáis
la aisla, le confiere un carácter.
La soledad se liga al misterio de su canto; se cons-
tituye en un valor.
En esa soledad se encuentran los elementos origi-
nales, personales, trascendentes, que separan a su poe-
sía de los acentos de la época y que separan a su ser
de toda pesadez común,
£n esa soledad nace y crece su estilo.
La soledad de Delmira Agustini Uega a sus poemea
y se da en ellos como pureza estética despojada de
todo rasgo anecdótico. En la dociunentación abruma-
dora con que alguna vez se quiere darnos su persona-
lidad^ los elementos anecdóticos llaman a la puerta
de nuestra atención y no» llevan a pensar en una cria-
tura ligada al mal gusto de una época y de un am^
xvm
PROLOGO
biente pequeño burgués, sórdido y vulgar, Nada de
eso en sus fundamentales poemas; salvo alguna vez en
que fugazmente aparece algún elemento decorativo,
que le empequeñece el verso, o algún elemento fan-
tástico convencional ya alejado de su profundo ser orí-
gmalis)mo« todos los ámbitos de la poetisa son ámbitos
singulares, transfigurados, absolutamente desligados
de la vida cotidiana.
Y as! ella misma, en su iconografía esencial: como
la da Raúl Montero Bustamante en la edición oficial
de la obra, que prologó, al recordarla en una visita,
llevando &us primeros cantos: ajena al silio, lejana,
irreal Así podemos verla en el bello retrato, fotogra-
fía del pintor Carlos Castellanos, al frente del libro
Los Cálices Vacíos.
Lejanos los ojos; lejana la actitud; y hasta lejanos
el encaje y el abanico que entran en la compoaición.
Delmira crea una realidad, un medio en el que
vive y sueña y canta. Su imaginación original y rica
construye ese ámbito nuevo y misterioso: su verda-
dero Reino,
Ya en El Poeta y la diosa la línea narrativa, pri-
maria, se cruza con elementos extraños, que contras-
tan con alguna palabra vulgar o con alguna imagen
convencionaL Después el ámbito se hace más y más
profundo, oscuro y pleno de calidades. Desde aquel
poema idílico, inolvidable;
La tienda de la noche se ha rasgado htcxa Oriente.
...Tu amor tienta, es la gruta
afelpada de musgo, el arroyo, la fruta
la deleitosa Iruta madura a toda mieh
XIX
PROLOGO
En Mis idohs se da^ de modo expreso, ia transición»
el paso hacia lo extraño, hacia lo transfigurado. Des*
pues de varias estrofas en que enumera y caracteriza
S118 ídolos, llega a decir de un dios nuevo y victorio*
so. • .
..^que reinó, simple r fuerte,
en la belleza austera del templo de lo raro,
donde todo vij^ría como hendo de muerte.
El acento de lo circunstancial se apoya muchas ve-
ces sobre los versos en que elementos descriptivos o
narrativos sustituyen el vuelo poético. Así en El poeta
leva el ancla. Mis ídolos. Tres petalos de tu perfil O
en aquel poema Con tu retrato en que irrumpen, sobro
líneas en que asoman los riesgos de una descripción,
expresiones inesperadas y vivas que invaden el retrato
evocado:
Nubes humanas, rayos sobrehumanos,
Y aquél:
Por eso, toda en llamas, 70 desato
cabellos y alma para ta letrato . . .
que al fin se borra y trueca sus rasgos misterioBa-
mente, cuando el verso canta:
. . . Queda en mis manos
una gran mancha lívida y sombría.,.
- Y renaces en mi melancolía
íonnado de aatioa itío$ y lejanos!
Esta inclinación del poema hacía una vaguedad que
contrasta con las alusiones precisas y la plasticidad de
las imágenes, se da muchas veces en estos versos. En
el poema citado enriquece la composición, desdibu-
XX
PROLOGO
jando con delicadeza y gracia el trazo general, quizá
demasiado concreto, de los primeros versos. £5 ella
misma quien irrumpe, llevándose todo lo que pueda
tener trazos convencionales. Otras veces la irrupción
es un cambio de rima, de metro^ de ritmos:
Emperatriz sombría»
sí un día,
herido de un capricho misterioso y aciago,
yo llegara a tu torre sombría
O en el poema Las alas, de cambianleg metros, in-
terrogacionesj exclamaciones, dudas, y al fin dos ver-
sos en que se desata todo el inquieto ir y venir de imá-
genes, según metro y rima inesperados. El poema se
sostiene por rara virtud que los estilistas han de estu-
diar. Y si todo es en él afirmativo y definidor, los dos
Últimos versos, sin que sufra la forma, expresan, por
una imagen bien concreta, la vaguedad del sueño:
Y no siento mis alas'. ,
Mis alas?...
— ^Yo las VI dchacpr^e entre mis brazos . .
¡Era como tm deshielo)
En Visión después de dar una presencia muy con-
creta según abundantes imágenes, cuya intensidad en
muchos momentos salva el posible riesgo de la narra-
ción, hacia el fin del poema, en la última estrofa, y
también subrayado por un sorpresivo cambio de me-
tro, la presencia se esconde misteriosamente, en plena
libertad del verso:
Y cuando,
te abrí los ojos como un alma, y vi
que te hacías atrás y te envolvías
en yo no sé que pliegue inmensa de la sombra!
XXI
PROLOGO
Tramicián semejante en el poema inicial de El Libro
Blanco, titulado El poeta leva el uncía. Se afirma el
trance del poeta, su pattida por un bello mar, en una
fantástica barca de vela azul^ de ancla de oro. de proa
alegre. Unas exclamaciones jóvenes irrumpen en me-
dio de las estrofas en que insistentes toques de la ima-
ginación amortiguan el riesgo de lo descriptivo.
Partamos, musa mÜai
Y luego:
El momento supremo ! . . . Yo me estremezco ; acaso
saeño lo que me aguarda en los mandos no Tistos?
Y ya es el paso hacia una sorpresiva expresión fi-
nal, fuerte y dominadora en todo el poema, que se
resuelve de modo inesperado, dibujando la presencia
de quien canta, sobre las imágenes casi ya extinguidas^
de las primeras estrofas:
Tal vez un fresco ramo de laureles fragantes,
el toisón reluciente, el cetro de diamantes,
el naufragio o la eterna oorona de los Cristos?
El modo se da en varios poemas intensos; y el con-
traste entre versos sostenidos y declinación final que
no quebranta el orden entero es singular. Kn el ensayo
antes citado, Emilio Oribe alude alguna vez a esta
vaguedad vinculándola con la estética simbolista. Cu*
rioso ejemplo aparece en el poema Ofrendando el ü-
bro de Los Cálices Vacíos; cuatro firmes estrofas en
las que hay hasta un elemento de simetría en la pala-
bra inicial del primer verso de cada estrofa:
Porque haaas tti eatt da la leona
mi
PROLOGO
Porque tu cuerpo es U raíz, el laso
Porque emerge en tu mano bella y fuerte.
Porque sobre el Espado te diylso.
Y después de las cuatro estrofas, en que sigue a es-
tos versos iniciales una caracterización de Eres, un
verso final, suelto, unido a la anterior estrofa por me-
tro y rima, e incluso» por el sentido del verso inme-
diatamente anterior:
Comumrando infierno y paraíso
pero separado al fin, destacado con fuerza, tanto en
el sentido como en los elementos sonoros:
— Con alma fúlgida y carne sombría « . ,
claro y oscuro final del poema.
Y ya lejos de insistentes y desbordadas imágenes,
canta aquí la soledad.
La soledad que pone luz y sombra en sus imágenes
y símbolos, está cantada por Delmira Agustini y bus-
cada por ella paia todos los trances de su vida. Así,
por ejemplo, para ios trances del amor humano, de
manera explícita, en el poema Intima, en que dice con
lúcidos versos el apacible encuentro:
En el silencio de la noche mi alma
llega a la tuya como a un gran espejo,
Junto a la máxima tensión de:
. amor que quiere
vida imposible, vida sobrehumana,
tú qur sabes si pesan, si consumen
alma y sueños de olimpo en carne humana.
xxzn
PROLOGO
Y se reitera» hacia el fin del poema^ la inclinación
a la soledad, la huida del mundo:
Ahí tú sahrás mi amor^ mas vamos lejos
a trarc3 de la noche fioterida;
acá lo humano asusta^ acá se oye,
se ve, se siente sin cesar la vida
Vamos más lejoa en la noche, vamos
donde m un eco repercuta en mí,
como una flor nocturna allá en la sombra
yo abriré dulcemente para tí.
La soledad original característica de Delmira Agus-
tini es la soledad de su trance poético; la de la cria-
tura original, nacida en una isla que no se puebla. A
pesar del aire de época que se acerca a bu biografía y
que algunas veces irrumpe en las crónicas y en la do-
cumentación, y hasta — como se ha señalado por la
crítica — , en muchos poemas de menor valor. Pero
su gran poesía no entra en diálogo con su tiempo. Se
han señalado concomitancias, influencias, relaciones:
con Herrera y Reissig, con Vasseur, con Lugones, con
Darío ... Son relaciones aparentes, superficiales. Di-
ríamos que tanto en lo formal como en lo profundo
— que siempre sustenta a lo formal — esas relaciones
no son fundamentales. Las palabras e imágenes que
pueden encontrarse en Delmira y en los poemas señft*
lados, tienen en Delmira otros contextos, otros senti-
dos otro^ valores.
Bastaría comparar con cautela la palabra Cisne en
Darío y la palabra Cisne en Delmira para percibir
esas distancias y diferencias. Bastaría considerar cómo
ella está lejos del pintoresquismo y del esteticismo que
se dan en diversas zonas de la obra de Herrera y
Reissig* para separar a los dos creadores y sostener
XXIV
PROLOGO
una vez más la libertad de Delmira con respecto a ta-
les influencias, a pesar de lo que pueda percibirse en
las zonas menos importantes da la obra, caracteriza-
das por cierta falta de rigor en cuanto a la sobriedad,
sobre todo en cuanto a la selección de las imágenes
o al abuso retórico.
La originalidad de Delmira Agustini queda, a pesar
de todo^ victoriosa» Carlos Vaz Ferreira — sutil ?en-
tidor de Arte, lector en profundidad según se nos dio
lue2;o en su? inolvidables lecturas de Nielzsche de Tols-
toi, de Proust. . . — destacó ante El Libro Blanco ese
valor único, personal, que separa a Delmira de los
poetas de su tiempo» Y dijo en una carta admirable:
**Su poesía está pensada y sentida en profundidad^ lo
que es un poco difícil de explicar, hay un tipo de
arte cuyas manifestaciones se agotan en la primera
percepción: y otro tipo de arte que se puede ahondar.
La poesía de Ud. tiene, en un grado excepcional, esta
cualidad, y, en las sucesivas lecturas, se va enrique-
ciendo con una armonía profunda de resonancias in-
telectuales V afectivas. Siempre he creído que éste es
el tipo más elevado de arte.,."
Antes de tal afirmación ha marcado, con cautela y
claridad, algunas declinaciones de la forma: y, sobre
todo, el que '^la versificación no sea muy pevera'\ Con
aquella penetración de gran pedagogo dice: "Pero Üd.
corregirá eso cuando le parezca, o no lo corregirá, si
ello estorba a su temperamento o si un esfuerzo en tal
sentido hubiera de costarle aunque fuera la más leve
porción de su expresión personal o de su franca y
fuerte espontaneidad'*. Tal pasaje, como aquel en que
se refiere a las influencias que el artista recibe, es co-
mo toda la carta una fundamental lección válida en
todo tiempo y circunstancia. £Ua se hace definitiva
XXV
PROLOGO
cuando el Maestro Vaz Ferreira aíirma: *'Entre los ca-
racteres sorprendentes de su libro, tal vez lo sea mfis
que todos, éste: que Vd. no imita éri absoluto'\
Y eran los días en que aquel apasionado y agudo
definidor que se llamó Rafael Barret afirmaba: "Del-
míra Agustini no copia ni imita: crea".
Hay, pues, una distancia entre su poesía y su tiem-
po. Como la hay, — quizá aún más dilatada y esen-
cial — entre la poesía de María Eugenia Vaz Ferreira
y su tiempo. Todavía, María Eugenia más solitaria:
con el vuelo del alma en la más abstracta zona de la
Belleza:
Oh Belleza, que tú seas bendita
ya que eres absolutainenle pura,
ya qtie eres inviolada»
límpida» fimiet sana e impolutap
Eres inacceaible,
erea pasiva y sola,
sencilla 7 sobrehumana;
no in&piras, no padece»
el dominio impenal de la materia
ni la "vencible turbación del alma
El proce&o de madurez, el milagi o del Tiempo — "la
labor del minuto y el prodigio del año" de Darío: —
que pudo darse en María Eugenia y que no sabemos
SI hubiera elaborado canto, tiempo y alma en Delmira
Agustini, aparifce en La Isla de los Cánticos como una
liberación hacia la soledad íinal.
Tal liberación con respecto al medio y a la época
puede ser considerada como un valor, aunque actual*
mente cierta critica considere como importantes loé
XXVI
PROLOGO
nexos de la obra con todo lo que del mundo rodea al
poeta: la circunstancia vital, sociológica, política, etc.
Raros son los casos — raros y eminentes — en que
esa conexión agrega valor, coincide con la expresión
profunda del ser del autor, con su originalidad y bus
calidades. Una relación de intensidad, de fuerza viva,
sostenida en valoree esléticog universales es la condi-
ción necesaria para que el diálogo con ambiente y épo-
ca no turbe la necesaria soledad, la fuente original
que sitúa a los cantos más allá del Tiempo.
María Eugenia Vaz Ferreira dijo su amor de la so-
ledad en melodiosos versos que cantaban en un aire
de serenata:
¿A quién amará ^
novio de la soledad!
Después de este amor auprcmo
¿a quién amará?
Más tarde en graves versos dijo una soledad de más
allá:
Jugando a cunas y tumbas
estaba la Soledad.
Y Delmira, que está más acá de esa soledad dice en
el poema Un alma algo así como su ser en medio de
todo lo cósmico* contemplado por ella con astral in-
diferencia**.
Más acá de la soledad abstracta de María Eugenia
Vaz Ferreiraj ¿qué son, en Delmira esos extraños cie-
los "afelpados de sombras o dorados de soles"; esos
'^ceños de los reconcentrados horizontes^' "los deshie-
los de las nubes''; los huracanes ante los cuales ella
se ve "arropada en el manto pálido y torrencial^' de
su melancolía?
PROLOGO
Lo que en La Isla de los Cánticos se da por vía di-
recta, idílica, como amor de la soledad o luego como
^'amor supremo*" por vía misteriosa, metafcica, al evo-
car la soledad, en Delmira se señala en medio de unos
elementos tan extraños que, a pesar de su carácter y
de sus alusiones, no configuran un paisaje. También
aquí asoma una realidad misteriosamente trascendida,
que ya nos aleja de los cielos, horizontes y nubes des-
heladas como las que nuestros ojos han podido regis-
trar en su maravillosa experiencia de ver.
¿Qué horizontes; qué nubes; qué relámpagos; qué
huracanes? . • , El titulo del poema sitúa quizá el nue-
vo registro, el nuevo ámbito: Un abna.
La huida de la realidad^ tan señalada como elemen-
to característico en los poetas románticos, se señala
en Delmira como un ensimismamiento ante las pode-
rosas fuerzas evocadas en Un abna. Otras veces^ cuan-
do asoman a los cantos elementos descriptivos, circuns-
tanciales^ ella insiste en el contraste, en el claro oscuro,
en el contrapunto: la vida íntima resplandece frente
a la nota exterior; y una comparación o una imagen
poética vienen a enriquecer o a transfigurar la rea-
lidad:
Fuera la noche en veste de tragedia solloza
como una enorme viuda pegada a mis cristales.
Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras.
Hay noches negras, negras, que Uet^ou en la frente
uua rosa de sol. , .
xxvm
PROLOGO
Otras veces esa huida se da con elementos que re-
cuerdan más directamente la realidad:
Yo vivía en la torre íncbnada
de la Melancolía...
Las arañd«; del tedio, las arañas máü grises,
en silencio y en gns tejían y tejían.
Se puebla esta torre con elementos que tienen una
vida real y que luego se transfiguran según alegórico
sentido :
i Oh la húmeda torre í...
Llena de la presencia
siniestra de un gran buho
como un alma en pena;
Tan mudo que f\ Silencio de la turre es dos veces»
tan triste, que sin verlo nos da frío la inmensa
sombra de su trisle¿a.
Este don de ver en las cosas, a través de su aparien-
cia, su trascendencia, su poesía honda y viva, su re-
lación con alma y destino, el mundo transfigurado,
real e ideal, determina el valor eminente de Delmira
Agustmi y testimonia su poder como poeta perdura-
ble.
Ella misma, ante el misterioso proceso de transfigu-
ración, de fuga, de entrada en un ámbito ideal, no
sabe y se hunde en "una rara ceguera luminosa'\
En la primera estrofa de este extraño poema Ce-
guera^ clave oscura, clave sin clave, dice su misterioso
estado poético.
El primer verso es decisivo, con sus dos adjetivos
definidores: "Me abismo en una rara ceguera lumino-
sa'', que no logran, a pesar de ser tan enriquecedores,
aclarar el misterio del poema. Y antes de la pregunta
de los dos versos finales, — pregunta que se acerca al
XXDL
I
PROLOGO
riesgo de vulgar y que victorioBamente lo vence — aso-
ma una declaración misteriosa, más aún que la del
primer verso:
Ud abLro, casi un alma, me ha celado la Vida.
En la segunda estrofa, rompiendo la regularidad
métrica con libertad y señorío, manteniendo un rigor
de estructura, vuelve a reiterar los calificativos: "rara
ceguera": "rara ceguera que me borras el mundo";
y en fin con una variante sobre la misteriosa acción:
Estrella, casi alma, con qae adiendo o me hundo
dame tu luz y vélame eternamente el mundo!
Otra vez, en el poema La ruptura encuentra su ima-
gen, la verdad de su ser:
, Con calma
curíobidad mi espíritu se asoma a su laguna
interior, y el cristal de las aguas dormidas,
refleja im dios o un monstruo» enmascarado en una
esfinge tenebrosa suspensa de otras vidas.
Podría afirmarse que la mejor poesía de Delmira
Agustmi queda encerrada en un misterio, un misterio
de Arte que le confiere gran entidad. Y que la vida
y alma de la autora quedan también en su misterio»
a pesar de las abusivas crónicas, de los documentos
biográficos y de todos los intentos de la crítica biográ-
fica y de la crítica psicológica.
El simbolismo de su ser y el simbolismo de su obra
se hacen herméticos. En los poemas se conciertan con
los símbolos poéticos, que son allí "la expresión per»
ceptible de una realidad invisible^'.
Muchas veces se ha hablado de una mística o una
metafísica en esta poeifo hermética y a la vez desen*
XXX
PROLOGO
vuelta como una cinta de música. Sólo nos parece po-
sible la afirmación si se refiere al valor simbólico que
en ella se advierte casi a cada pa«o: es decir, a un va-
lor que desborda los límites de lo p&icológico, o bio-
lógico, histórico o social: a un valor que se da, repeli-
mos, como ^'expresión perceptible de una realidad in-
visible*', *'como dignificado metafísico del portador"»
*'E1 portador puede no estar a su nivel, pero por ello
el símbolo no decae/'
En casi todos los poemas de Delmira Agustini aso-
ma ese aspecto cósmico metafísico de la mujen "de lo
femenino como misterio".
No tendría ella la conciencia de su poder simbóli-
co; aquella conciencia grave que se revela en la im-
ponente frase de Goethe, cuando éste afirma el grado
simbólico de su existencia. La intensidad pasional de
Delmira invadía todos los ámbitos de su ser, no, segu-
ramente a la manera de la invasión individualista que
ya aparece en los signos femeninos de la época, ca-
racterizada por un lamentable acontecer cuyo signo
puede definirse hoy así: "en donde la mujer se quie-
re a sí misma allí se esfuma el misterio melafísico".
Ella invadía los ámbitos de su ser según la más
ardiente vida en Poesía y en Misterio:
Me abismo en una rara ceguera luminosa
¡Así tendida soy un surco ardiente,
donde puede nutrirse la Buniente,
de otra Estirpe 6ubbmemeiite loca!
Yo soy el cisne errante de Ins sangnentos rastros,
voy manchando los lagos y remontando el vuelo.
Estas alusiones en las que la poetisa da su ser a tra-
vés de misteriosas imágenes de gran valor, se comple-
XXXI
PROLOGO
mentan con otras expresiones confesionales más di-
rectas:
Yo vivía en la toire inclinada
de la Melancolía...
Mi templo está allá lejos, tra«^ la selva huraña.
Allá salvaje y triste mi altar e« la montafid , .
O cuando dice en relación con su obra: (Mi Musa,
Rebeldía, La Musa Triste) o en los exultantes poemas^
tales como ¡Vida!:
Vengo a tí en mi deseo,
como en mil devorantes abismos, toda abierta
el alma incontenible. . .
Y me lo ofreces todo'
Los mares misteriosos florecidos en mundos^
lu9 cielos místenosos florecidos en astros,
Log astros y los mundos!
...Y las constelaciones de espíritu suspenBaa
entre mundos y astros. , .
. . Y los sueños que viven más allá de los astros,
más acá de loa mundoa,..*'
versos en los que al fin desborda el alma hacia lo le*
jano, lo cósmico,
Y todavía, lo confesional, en los poemas de amor
más ligados a la referencia anecdótica, como Intima,
Visión, Amor, Explosión^ Mis ídolos, . .
Entre esas imágenes que da de sí misma aparece al-
guna vez Delmira frente al misterio cristiano, en poe-
mas que me parecen más circunstanciales y quizá arti-
ficiosos: es Noche de Reyes y A una Cruz. En éste,
que aparece en Cantos de la Mañana con el subtítulo
Ex Voto, hay la visión de una cruz que se levanta
en un paisaje nocturno. Comienza con una invocación
en la que se refiere al don de la Cruz:
XXXH
PROLOGO
Pareces bendecir la tierra entera
y atarla al cíelo como un férreo lazo!
Y sigue la adjetivación: puerto de luz, férreo lazo
que ata al cielo con la tierra...; y luego el paisaje
nocturno, cuyo acento retórico se interrumpe a veces
con una expresión significativa y valiosa:
La Lnna alzaba dulce, rlulc emente
el velo blanco, blanco y transparente
de prometida del Misterio ; el Ciclo
estaba vivo como un alma ! ... el fcho,
el velo blanco y temblador crecía
ooino una blanca y tcmbUdon nata...
En un gradual de intensidades aparecen versos más
valederos:
Fue un abismo de luz cada Bagando,
el límpido silencio se creería
lia voz de Dios que se exphcara al Mundo I,*.
Hasta darnos lo suyo:
Como cayó en tus brazos mi alma berida
por todo el Mal y todo el Bien; mi alma
un fruto milagroso de la Vida
forjado a boI y madurado en Bombra,
acogíase a tí como a una palma
de luz en el desierto de la Sombra! , • .
No en razón de sus valores, sino por el tema y por
el estado de alma que allí se da evocamos esta com-
posición. Así como otras a que nos hemos referido,
que dan lo confesional de Delmira Agustini en prime-
ros planos^ aunque siempre resplandece, súbitamente,
entre los desniveles o el declinar retórico, un fuerte
xxxm
3
PBOX-OGO
toque de Poesía y de Ahna que nos conmueve y nos
jerarquiza:
Acogíase a tí como a una palma
de luz en el desierto de la Sombra!. .
De allí volvemos a las libres, misteriogas y origi-
nalísimas expresiones en que da, sin quebrantar el
misterio^ la esencia de su ser simbólico:
Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros,
voy mancbando los lagos y remontando el vuelo.
o en su Ceguera:
Me abismo en una rara ceguera luminosa
o en aquel pasaje de El Rosario de Eras:
Lejos como en la muerte
siento arder una vida vuelta siempre hacia mí,
fuego lento hecho ojos insomnes» más que iuerte
SI de su allá msondable dora todo mi aquí.
Sobre tierras y mares su horizoDte es mi ceño,
como un cisne sonámbulo duerme sobre mi sueño
y es su paso velado de distancia y reproche
el seguimiento dulce de los perros sm dueño
que han roído ya el hambre» la tristeza y la noche
y arrastran bu eadena de miaterio y ensuefio.
Amor de luz, un río
que el camino de cristal del Bien,
|Tú me lo d^ Bioa mío!
Así como en el Ex Voto A una Cruz se mantiene en
su carácter el símbolo de la cruz y hasta el estado de
abna — a pesar de su acento circunstancial — , aquí
aparece como retórico el título del poema, que se sal»
va por su buena eufonía y por la sorpresiva ágil y
rápida asociación de los dos términos. Pero se pa-
XXXIV
PROLOGO
dece este arrancar a una palabra de su tradicional y
santo linaje. Los subtítulos que siguen destacan el ar-
tificio retórico (Cuentas de mármol; Cuentas de lue-
go; Cuentas de luz; Cuentas falsas) aunque a pesar
del artificio la estructura de los versos» la originalidad
de la imagen, y la pasión intensa del ser confieren al
Poema una categoría innegable,
Y €9 otra vez esta ansiedad de expresión que ya dijo
en Lo inefable y que en Mi plinto golpea con insisten-
cia en un clamor reiterado, tan sentido y fuerte, a tra-
vés de los imperativos violentos, a través del verbo en
acción, que las palabras duras — labrad, creced. • . —
se hacen ágiles y mueven al verso. Aquí, como en otros
poemas de Delmira Agustini '^las formas que pesan
y las formas que vuelan" resplandecen en la composi-
ción, como en el sueño arrebatado y en las firmes es-
tructuras plásticas del Greco.
£n un gradual se intercalan las simétricas estrofas:
Labrad, labrad, ¡oh, manos'
Creced, creced, |oh, piedras 1
Ya me embnaga un gloiiogo
aliento de palmeras.
Labrad, labrad, |ob, manos!
Creced, creced, ¡oh, piedras!
Ya me abrazan loa brazos
del Tiento de la sieira.
Labrad, labrad, ]oh, manoe!
Creced, creced, [oh, piedras!
¡Ya siento una celeste
serenidad de estrella!
¿Qué busca, con una tensión ardiente que no que-
branta BUS limites formales? ¿Hacia qué honduras del
Amor y la Muerte va este paso cantante y solitario?
Yo iba sola al Misterio bajo un sol de locunu
XXXV
PROLOGO
¿Qué es esa Barca Milagrosa^ con "prora de cente-
lla", movida por "el gran ritmo de un corazón san-
griento de vida sobrehumana?*' Las indicaciones, ple-
nas de gracia poética y de muaicalidad, no aclaran el
misterio:
La cargaré de toda mi tristeza, y, sin rumbo,
iré como la rota corola de un nelumbo,
por sobre el honzonte líquido de la mar. .
Y ella sigue sosteniendo, entre palabras e imágenes
concretas e indefinidas alusiones, tensión, misterio, me-
lodía y orden formal.
Barca, alma hermana; hacia qué tierras nunca vistas,
de hondas revelaciones» de cosas imprevistas
iremos?... Yo ya muero de vivir y soñar...
Alguna vez es más claro el sentido. Cuando, por
ejemplo, dice la angustia por la expresión en Lo ine"
fahle. En todos esos poemas vive con ardiente pulso el
deseo de pasar sus limites, de trascender su ser sim-
bólico.
Quizá más que en ninguno de los cantos en aquel
en que nos dice de:
Otra estirpe aublimemente loca.
¿Sabe ella qué es esta estirpe? ¿Podemos saberlo
nosotros? ¿Podemos saber el sentido de su poema
Fiera de Amor? . , .
Y este angustioso no saber, este misterio sostenido
y entero es paralelo a la fuerza expresiva, adecuada
para decir tal angustia, para despertar tal angustia,
según el poderío singular de la autora sobre sus me*
dios.
XXXVI
PROLOGO
De ese poderío hay muchos eignos en la obra de
Delmira Aguslini. Desde la tensión a que nos referi-
mos y la victoriosa estructura formal que esa tensión
no rompe, la adecuación de los medios resplandece en
todos los poemas y puede estudiarse con goce estético
o en riguroso ejercicio aleccionador. Y es, por ejem*
pío, cuando la autora logra dar la lejanía, la perspec-
tiva de Arte necesaria, y hasta la dimensión del tiem-
po en aquella evocación de un alma dócil, de Los re-
licanos dulces:
Hace tiempo, algún alma ya borrada fue mía .
El metro, en primer término, y luego todos los va-
lores sonoros, se sitúan en niveles de una adecuación
misteriosa, que agrega a la explícita confesión ele-
mentos bellos en sí, y además intensamente sugerido-
res. Tal adecuación de los medios del verso nos recuer-
da alguna Tez a la adecuación estricta, en particular
la del metro, que Darío utiliza para dar sensación de
pasado y de dilatado espacio en AÜá lejos,
Y volvemos a asombrarnos del valor de los medios
estíliscos en Delmira Agustini, cuando además de la
adecuación percibimos la victoria de la forma en los
trances violentos del ser. La angustia no turba el or-
den de la composición. La lucidez más viva rige la for-
ma, se mantiene a través del vuelo, del pasaje abismal,
de las más sombrías zonas psicológicas, reveladas según
líneas que no se turban; según palabras e imágenes
que no se desdibujan. Ejemplo notable encontramos
en Las estatuas o en Plegaria, Son ejemplos singula-
res, por lodo lo que en ellos hay de forma escultórica,
de evocación escultórica, de estirpe parnasiana. Pero
también se da el milagro de la victoria formal en las
xxxvn
PROLOGO
composiciones de dominante línea musical, ligadas a
la estética simbolista. Como en los hermosos versos
con que comienza un poema sometido luego a decli-
nación pero siempre recordado con encanto:
Sobre el mar que los cielos del Ensueño retrata
alza mi torre azul su capitel de plata
Paralelo al simbolismo de su ser corre el simbolis-
mo original y logrado, en doble luz y sombra, en velo
y desnudez y — siempre — en misterio radiante
A veces la comparación se sitúa en un plan de más
claridad^ de concepciones más ligadas a lo normal,
habitual:
Preparadme una barca como un gran pensamiento
Todo parece aquí fácil, apacible, directo; hasta la
intención inocenle de denominar la barca con nom-
bres casi familiares. Pero súbitamente, el dibujo cla-
ro, los límites precisos se tornan nuevo símbolo, nue-
va imagen de oscuro destino:
Iré como la rota corola de un nelumbo,
Y los oscuros versos que siguen . . .
Esta transición súbita y sorprendente aparece en
muchos poemas: por ejemplo: A tus manos^ Tu re'
trato, y les confiere trascendencia y valor. A veces ea
un adjetivo inesperado el elemento que irrumpe:
Amor, la noche estaba trágica y sollozante
Sí, la noche trágica; la noche sollozante; el amor,
una mancha de luz y de frescura; los ojos de diaman-
te.,. ¿Qué noche es esta tan extrañamente definida,
XXXVIII
PROLOGO
y tan misteriosa e indefinida? Podría ser como aque-
lia ''noche de todas las noches del año" que canta Poe
con expresión en que la vaguedad no nos traba para
distinguir tal noche y oscuramente — sólo oscuramen-
te saberla.
Amor, la noche estaba trágica y sollozante
Esta relación entre misterio y forma, entre simbo-
lismo del ser y medios estilísticos, se vinculan a la pre-
sencia^ en el proceso de Arte, de todo el mundo psico-
lógico del creador. Mundo cada vez concebido en más
amplitud según la afirmación de que existe una psicolo-
gía profunda, que el psicoanálisis investiga, y una
'^psicología de las alturas'': la sohreconciencia.
De la psicología profunda, de los repliegues más
oscuros e indefinidos del sueño, nos lleva el poeta a
una nítida luz, que seguramente se vincula con su so-
breconciencia. Entre esas zonas se realiza la creación
artística y adquiere su totalidad, expresando, al fin,
el grado pleno del carácter simbólico de la persona
creadora; su significación en el Arte y en la Vida,
Hasta que '^psicología profunda*' y "psicología de al-
tura" no se separan. Todo límite queda borrado, y ya
su Ceguera es la nuestra:
Me abismo en una rara ceguera luminosa
Verso en que el calificativo agrega una intensidad
y una riqueza inapreciables; y otra vez el misterio de
la creación se levanta para envolvemos en una atmós-
fera absolutamente ideah lejos de toda la realidad,
más allá de los medios estilísticos.
No sé.,.
Rara ceguera que me borras el mundo,
estrella* casi alma, con que atsciendo o me hondo:
dame tu luz y vélame eternamente el mundo!
XXXIX
FROIiOGO
En indecible trance tjue apenas se señala como un
atisbo de lo sobrenatural en la zona en que lo sobre-
conciente se da a su último vuelo:
Dame tu luz y vélame eternamente el mundo!
Verso con el que se cierra esta Antología,
Pueden estudiarse en estos poemas los rasgos esti-
lísticos, las relaciones con las diversas escuelas: la pre-
sencia de las facultades del ser en el lenguaje y en loa
temas; la originalidad de las imágenes.
El sentimiento, el impulso erótico, las ideas, las sen-
saciones se dan con una intensidad que llega a veces
a la violencia. Y esa violencia los lleva a una entidad
que está fuera de lo real, en un oscuro registro en que
lo sobrehumano se expresa con adecuados, originales
medios, entre los que cuentan sobre todo la imagen^
la alegoría, el símbolo.
La Muerte y el Amor aparecen juntos en su poesía,
muchas veces de modo explícito, como en su ofrenda
a Eros en el comienzo de Los Cálices Vacíos:
Porque emerge en tu mano bella y fuerte
£1 más embriagador lis de la Muerte.
Amor y Muerte se ciernen como una sola nube ra-
diante y sombría en aquel momento de su boda, cuan-
do una voz pide al oficiante que una bien a esos do8
seres, de modo tal que queden unidos hasta la Muer-
te. . . Nube sombría en su último atardecer de la tie-
rra^ cuando el Amor y la Muerte se llevan, desde el
abandonado tiempo, a las dos criaturas, hasta un mis-
PRO LOGO
terioso tiempo sin tiempo, en que la misericordia divi-
na los mirará. . ,
Esta doble presencia de los dos temas — Amor y
Muerte — se relaciona con la tendencia romántica a
tal asociación; pero va más allá; se abisma en un cli-
ma metaíisico en que la Muerte y el Amor están sen-
tidos y cantados en niveles de trascendencia inaudita^
Todos los rasgos de la sensibilidad y del sentimiento
llegan a esoa niveles, y es sobre lodo la imagen la
que les confiere tal trascendencia» aunque todos los
medios estéticos convergen en el proceso de creación
de los poemas.
De ese asomarse a las misteriogas simas, al abismal
misterio, proceden los acentos de la angustia en esta
poesia, así como en la de María Eugenia Vaz Fe-
rreira. Error fue atribuir a ésta una relación de la
angustia con el pensamiento, tal como una vez se ha
planteado.
En la poesía de María Eugenia Vaz Ferreira, como
en la de Delmira. no hay ideas, por lo menos de un
modo dominante. En alguna composición dice Delmi-
ra, asomándose al cruel riesgo que significa la expre-
sión de las ideas para la Poesía, algo que piensa sobre
temas diversos próximos a su vida y obra. En Rebc'
lión, por ejemplo:
La rima es d tirano empurpurado,
Quiere decimos algo así como su teoría poética y
nos recuerda algún ejemplo insigne — Verlaine en
Arte Poética, * .
£1 elemento intelectual que podemos encontrar en
esta obra como en toda gran Poesía, es la idea de
composiciórif ^Ua más musical de las ideas'', que dijo
XU
PROIiOQO
Schiller. Y es poderosa en Delmira, asegurando la »
trurtura del verso en todos lo$ trances, en todas las
tensiones inauditas de su experiencia.
Y ella misma en su nota ^*A1 lector'*, sobre Lo$ As^
tros del Abismo, establece, como criterio de valora-
ción, que sus libros "han sido sinceros y poco medi-
tados" — incurriendo quizá en una '^falacia de falsa
oposición'* — y que "Los cálices vacíos" . . . constituyen
el más sincero, el menos meditado y el más queri-
do" . , . Quizá huella de la tendencia romántica hacia
una valorización de lo expon táneo, superada en nues-
tra época por la bella exigencia de Juan Ramón Ji-
ménez: "Lo expontáneo sometido a lo consciente: es
el solo Arte''.
Delmira Agustini tiende a la expresión del ser des-
nudo. Dice de sí y queda un secreto: el misterio de su
ser ligado a un destino extraño.
Ni la documentación profusa; ni la confesión en los
poemas; ni la ^^sinceridad" a que ella misma alude
en su breve nota; ni la crónica urgadora de anécdo-
tas; ni la iconografía expresiva han llegado a develar
ese misterio, signo verdadero de su alta Poesía, El
asoma alguna vez en los poemas: una imagen concre-
ta y resplandeciente; un melodioso acierto en que se
dan — ya como en los simbolistas — equivalentes en-
tre la realidad íntima y los valores sonoros del len-
guaje. Asoma sí, con una intuitiva cautela o un paso
trabado. Pero luego se nos esconde. Y quedamos otra
vez en el umbral del alma de Dehnira Agustini, cuya
vida y cuya muerle son secretas, como secreto es, en
última instancia, su verso, a pesar de las zonas de
tan sincera entrega, verso que se somete a los rigores
de un Arte cuyo poder — en los mejores momentos
PROLOGO
mágicos — de este libro, construye^ limita, dibuja,
canta con seguro acento.
Como el poeta ciego de la gran tradición, como el
poeta ciego del inmortal diálogo platónico, ella sigue
cantándonos misterio y noche:
No sé
Rara ceguera que me borras el mundo,
estrella^ casi alma, con que asciendo o me hundo:
dame tu luz y vélame eternamente el mundo!
Recuerdo ahora un diálogo matinal con Gíovanni
Papini, en su casa^ al pie de una colina romana. Era
un diálogo inútil, entre dos personas que jamás po-
drían entenderse. En cierto momento él me habló de
la "poesía femenina" con una acento despectivo que
estaba muy en su modo. Inútiles mis protestas sobre
tal caracterización de la Poesía. Luego, desde Ra-
vena, sin poder librarme del njalestar de tales desen-
tendidos, junto a la silenciosa y bien custodiada tum-
ba del Dante, le escribí discutiendo los diversos pun-
tos oscuros del diálogo.
Y entre otras cosas le decía que — previo el recha-
zo de la expresión "poeaía femenina" — en mi país
algunas mujeres habían escrito poemas dignos de res-
plandecer en las mejores antologías del mundo.
Pensaba entonces, insistentemente, en algunos versos
de Delmira Agustini* Sigo pensando asi ante la selec-
ción que en este libro se da.
Esther de Cáceres*
XLUl
DELMIRA AGÜST2NI
Nace CD Montevideo el 24 de octubre de 1886, hija de San-
tiago Agustini, uruguayo descendiente de corsos franceses, 7
de María Murtfeldt, argentina de ascendencia alemana y fran-
cesa, aiendo bautizada en la Catedral de la nusma ciudad.
No cursa estudios legulaivs, recibiendo su instrucción de
sus propios familiares y de maestros privados» Su padre la
inicia en la pintura asistiendo luego al taller de Domingo La-
porte, El idioma francés lo estudia con Mlle, Magdalame Cassy
y más tarde con Constant Willems. El piano con la Sra Ma-
ría Sansevé de Roídos, Mme. Bemporat y finalmente el Prof.
Martín López
Ordenada y apacible transcurre gran parte de su existencia,
rodeada de un gran número de amigas y ainigns, entre los
cuales figuran: María Amalia Ramírez de Blixen, Delmira
Tnaca de Conrado, María Eugenia Vaz Ferreira, AnJré Giol
de Badet, Alberto Zum Felde y Roberto d<^ la^ Carreras.
Muy tempranamente compone sus primeras poesías y luego,
en 1902, comienza a publicar en revistas y periódicos nacio-
nales y extranjeros, tales como "Rojo y Blanco". "La Petitc
Revue", "La Alborada", "Apolo'*, "Bohemia", "El Hispano
Americano", "La Semana", "La Razón", "Fray Mocho", "Cara»
y Caretas" y otros, trabajos en prosa v verso. En 1907, se edita
su primer libro de poesías. El libro blanco^ Montevideo, O M.
Bertani, más tarde Cantos de la mañana, Montevideo, 0< !ftf.
Bertani, 1910 y finalmente Los cálices vacíos^ Montevideo,
O. M. Bertani, 1913. Deja en preparación Loa astros del abismo.
Contrae matrimonio con Enrique Job Reires el 14 de agosto
de 1913, de quien se separa al poco tiempo iniciando trámites
de divorcio. El 6 de julio de 1914 fallece trágicamente en
Montevideo»
Luego de su muerte se efectuaron varias ediciones de sua
obras de las cuales las más importantes son: Obras completas^
T. L "El rosario de Eros". T. IL "Los astros del abismo", Mon-
tevideo, Maximino García, 1924: Paenn% Montevideo, Claudio
García y Cía., 1939 (Biblioteca "Rodó", Nros. 46-47); Obras
poéticas Edición Oficial, Montevideo, Ministerio de Instruc-
ci¿n Pública, 1940, con prólogo de Raúl Montero Bustamante,
y Poesías completan. Prólogo y selección de Alberto Zom Felde»
Buenos Aires, £d. Losada, 1944.
XUV
CRITERIO DE LA EDiaON
La mayor parte de los poemas que integran la preBente
Antología, fueron cotejadoa con loa que figuran en Los cáU'
ees vacíos, Montevideo, O, M. Bertani» 1913, último libro pu-
blicado en vida de la autora, coneervándoae en eUos fielmente
la puntuación y d empleo de los ligzxos admiratiTos e interio*
gativos.
Laa poesías: "En ^ camino**, "Serpentína" y "Mi plinto**
que no figuran en la citada colección, están corregidaB confor*
me al teito que da d& ellas Obras completas T. L **E1 rosario
de Eros", Montevideo, M García, 1924, Para el poema "Mi
plinto", se ha recurrido además a la versión pulilicada en la
revista ''Fray Mocho**, año III, 97, Buenos Aires, marzo
6 de 1914.
En cuanto a la acentuación, se han seguido las nuevas nor-
mas de la Academia Española.
ANTOLOGIA
ANTOLOGIA
LO INEFABLE
Yo muero extrañamente. . , No me mata la Vida,
No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida. . .
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida.
Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que 03 abrasaba enteros y no daba un fulgor?...
[3]
4
DELMIRA AGUSTINI
Cumbre de los Martirios L.. Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como im diente feroz! . . .
Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable!*.. Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!
[4]
LA BARGA MILAGROSA
Preparadme una barca como un gran pensamiento .
La llamarán 'Xa Sombra" unos, otros 'Xa Estrella."
No ha de estar al capricho de una mano o de un viento:
Yo la quiero consciente^ indominable y bella!
La moverá el gran ritmo de un corazón sangriento
De vida sobrehumana; he de sentirme en ella
Fuerte como en los brazos de Dios ! En todo viento.
En todo mar templadme su prora de centella!
£5]
I>ELMIRA AGU5TINI
La cargaré de toda mi tristeza, y, sin rumbo.
Iré como la rota corola de un nelumbo,
Por sobre el horizonte líquido de la mar. . .
Barca, alma hermana; hacia qué tierras nunca vistas,
De hondas revelaciones, de cosas imprevistas
Iremos? . . . Yo ya muero de vivir y soñar. . ,
[6]
ANTOLOGIA
UN ALMA
Bajo los grandes cielos
Afelpados de sombras o dorados de soles.
Arropada en el manto
Pálido y torrencial de mi melancolía,
Con una astral indiferencia miro
Pasar las intemperies. . .
t7J
DELMISA AGUSTINI
Ceños
De los reconcentrados horizontes;
Aletazos de fuego del relámpago;
Deshielos de las nubes;
Fantásticos tropeles
Desmelenados de los huracanes;
Pórticos esmaltados de los iris,
Abiertog a las fúlgidas bonanzas:
Pasad 1 ... Yo miro indiferente y fija,
Indiferente y fija como un astro!
[8]
ANTOLOGIA
LAS CORONAS
, . . ¿Un ensueño entrañable?. , . ¿Un recuerdo
[profundo? . . .
¡Fue un momento supremo a las puertas del Mundo!
El Destino me dijo maravillosamente:
— Tus sienes son dos vivos engastes soberanos:
Elije una corona, todas van a tu frente! —
Y yo las vi brotar de las fecundas manos.
DELMIRA AGUSTINI
Floridas y gloriosas, trágicas y brillantes!
Más fría que el marmóreo cadáver de una estatua,
Miré rodar espinas, y flores, y diamantes,
Como el bagaje espléndido de una Quimera fatua.
Luego fue un haz luciente de doradas estrellas;
— Toma! — dijo — son besos del Milagro, entre ellas
Florecerán tus sienes como dos tierras cálidas!...
« « .Tal pupilas que mueren, se apagaron rodando. • ,
Yo me interné en la Vida, dulcemente, soñando
Hundir mis sienes iértiles enbre toa manos pálidas! . « •
[10]
ANTOLOGIA
LOS REUCARIOS DULCES
Hace tiempo, algún alma ya borrada fue nda.
Se nutrió de mi sombra. . . Siempre que yo quería
El ahanico de oro de su risa se abría,
O su llanto sangraba una corriente más;
Alma que yo ondulaba tal una cabellera
Derramada en mis manos... Flor del fuego y la cera..
Murió de una tristeza mía. . . Tan dúctil era.
Tan fiel, que a veces dudo si pudo ser jamás. . .
ANTOLOGIA
INEXTINGUIBLE...
Oh tú que duermes tan hondo que no despiertas!
Milagrosas de vivas, milagrosas de muertas,
Y por muertas y vivas eternamente abiertas,
Alguna noche en duelo yo encuentro tus pupilas
Bajo un trapo de sombra o una blonda de luna*
Bebo en ellas la Calma como en una laguna.
Por hondas» por calladas, por buenas, por tranquilas
Un lecho o una tumba parece cada una.
[18]
OFRENDANDO £L LIBRO
A EROS
Porque haces tu can de la leona
Más fuerte de la Vida, y la aprisiona
La cadena de rosas de tu brazo.
Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo
Esencial de los troncos discordantes
Del placer y el dolor^ plantas gigantes.
1151
DELBORA AGUSnm
Porque emerge en tu mano bella y fuerte.
Como en broche de místicos diamantes
El máa embriagador hs de la Muerte.
Porque sobre el Espacio te diviso^
Puente de luz, perfume y melodía,
Comunicando infierno y paraíso.
— Con alma fúlgida y carne sombría, . .
[16]
AMTOIiOeiA
EL INTRUSO
Amor, la noche estaba trágica y sollozante
Cuando tu Dave de oro cantó en mi cerradura;
Luego, la puerta abierta sobre la sombra helante.
Tu forma fue una mancha de luz y de blancura.
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
Bebieron en mi copa tus labios de frescura,
Y descansó en mi ahnohada tu cabeza fragante;
Me encantó tu descaro y adoré tu locura.
[17]
imuyORA AGUSTINI
Y hoy río si tú ries, y canta sí tú cantas;
Y sí tú duermes duermo como un perro a tus plantas!
Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
Y tiemblo si tu mano toca la cerradura,
Y bendigo la noche sollozante y oscura
Que floreció en mi vida tu boca tempranera I
[13]
ANTOLOGIA
TU BOCA
Yo hacía una divina labor, sobre la roca
Creciente del Orgullo* De la vida lejana.
Algún pétalo vivido me voló en la mañana,
Algún beso en la noche. Tenaz como una loca.
Seguía mi divina labor aobre la roca,
Cuando tu voz que funde como sacra campana
En la nota celeste la vibración humana,
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;
5
119}
DELMIRA AGUSTINI
— ^Maravilloso nido del vértigo, tu boca!
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo, • • —
Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana;
¡Tela donde mi espirita se fue tramando él mismo!
Tú quedas en la testa soberbia de la roca,
Y yo caigo sin fin en el sangriento abismo!
[26]
ANTOLOOIA
¡OH, TU!
Yo vivía en la torre inclinada
De la Melancolía». •
Las arañas del tedio, las arañas más grises»
En silencio y en gris tejían y tejían.
¡ Oh la húmeda torre! . . .
Llena de la presencia
Siniestra de un gran buho»
Como un alma en pena;
[21]
DEOtfIRA AGT7STINI
Tan mudo que el Silencio en la torre es dos veces;
Tan triste, que sin verlo nos da frío la inmensa
Sombra de su tristeza.
Eternamente incuba un gran huevo infecundo,
InciTUStadas las raras pupilas más allá;
O caza las arañas del tedio» o traga amai^os
Hongos de soledad.
El buho de las ruinas ilustres y las almas
Altas y desoladas!
Náufraga de la Luz yo me ahogaba en la sombra. • •
En la húmeda torre, inclinada a mi misma,
A veces yo temblaba
Del horror de mi sinuu
¡Oh Tú que me arrancaste a la torre más fuerte!
Que alzaste suavemente la sombra como un velo,
Que me lograste rosas en la nieve del alma.
Que me lograste llamas en el mármol del cuerpo;
Que hiciste todo im lago con cisnes, de mi lloro. , *
Tú que en mí todo puedes,
En mí debes ser Dios!
De tus manos yo quiero hasta el Bien que hace mal*.
Soy el cáli2 brillante que colmarás, Señor;
Soy, caída y erguida como un Urio a tus plantas»
Más que tuya, mi Dios!
Perdón, perdón si peco alguna vez» soñando
Que me abrazas con alas ¡todo mío! en el SoK • ,
[asi
ANTOLOGIA
FUE AL PASAR
Yo creí que tus ojos anegaban el mundo...
Abiertos como bocas en clamor. . . Tan dolientes
Que un corazón partido en dos trozos ardientes
Parecieron... Fluían de tu rostro profundo
Como dos manantiales graves y venenosos . . •
Fraguas a fuego y sombra tus pupilas ! . « . tan hondas
Que no sé desde dónde me miraban^ redondas
Y oscuras como mundos lontanos y medrosos.
[23]
DELMniA AGUSTTNI
jAh tus ojos tristísimos como dos galerías
Abiertas al Poniente! ... Y las sendas sombrías
De tus ojeras donde reconocí mis rastros! , . «
Yo envolví en un gran gesto mi horror como en un velo,
Y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo
La medianoche húmeda de tu mirar sin astros!
1243
ANTOLOGIA
AMOR
Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
Hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
Era un mar desbordado de locura y de fuego.
Rodando por la vijía como un eterno riego.
Luego 5oñéio triste, como un gran 90I poniente
Que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
Después -rió, y en su boca tan tierna como un ruego.
Sonaba sus cristales el alma de la fuente.
[251
]>£LMIRA AGUSTINI
Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente, y triste,
Que todas las tinieblas y todo el iría viste;
Que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
Sobre la vida toda su majestad levanta:
Y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
En una flor de fuego deshojada por dos. « .
ANTOLOGIA
EXPLOSION
Si la vida es amor, bendita sea!
Quiero más vida para amar! Hoy siento
Que no valen mil año$ de la idea
Lo que un minuto azul del sentimiento.
Mi corazón moría triste y lento, . »
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡La vida brota como un mar violento
Donde la mano del amor golpea!
£27]
DELMIRA AGUSTESri
Hoy partió hacia la noche, triste, fría
Rotas laa alas mi melancolía;
Como una vieja mancha de dolor
En la aombra lejana se deslíe, , ,
Mi vida toda canta, besa, ríe!
Mi vida toda es una boca en flor!
[281
ANTOLOGIA
EN TUS OJOS
Ojos a toda luz y a toda sombra!
Heliotropos del Sueño! Plenos ojos
Que encandiló el Milagro y que no asombra
Jamás la vida. . . Eléctricos cerrojos
De profundas estancias; claros broches,
Broches oscuroa, húmedos, temblanteSj
Para un collar de días y de noches. , •
Bocas de abismo en labios centelleantes;
[291
DELMIRA AGUSTIN!
Natas de amargas mares nunca vistas;
Claras medallas; tétricos blasones;
Capullos de dos noches imprevistas
Y madreperlas de constelaciones. . .
¿Sabes todas las cosas palpitantes^
Inanimadas, claras, tenebrosas,
Dulces, horrendas, juntas o distantes.
Que pueden ser tus ojos? . , , Tantas cosas
Que se nombraran infinitamente! . . «
Maravilladas veladoras mías
Que en fuego bordan visionariamente
La trama de mis noches y mis días! . . ,
Lagos que son también una corriente, . .
Jardines de los iris! devorados
Por dos fuentes que eclipsan los tesoros
Sombríos más sombríos, más preciados. • .
Firmamentos en flor de meteoros;
Fondos marinos, cristalinas grutas
Donde se encastilló la MaraviUa;
Faros que apuntan misteriosas rutas. . .
Caminos teooblorosos de una orilla
Desconocida; lámparas votivas
Que se nutren de espíritus humanos
Y que el milagro enciende; gemas vivas
Y hoy por gracia divina, ¡siemprevivas!
Y en el azur del Arte» astros hermanos!
1301
ANTOLOGIA
DE "ELEGIAS DULCES"
I
Hoy desde el gran camino, bajo el sol claro y fuerte,
Muda como una lágrima he mirado hacia atrás,
Y tu voz, de muy lejos, con un olor de muerte,
Vino a aullarme al oído un triste "¡Nunca más!"
Tan triste que he llorado hasta quedar inerte. , .
¡Yo sé que estás tan lejos que nunca volverás!
No hay lágrimas que laven los besos de la Muerte. ♦ .
— ^Almas hermanas mías, nunca miréis atrás!
[31]
DELMIRA AGUSTINI
Los pasados se cierran como los ataúdes;
Al Otoño^ las hojas en dorados aludes
Ruedan... y arde en los troncos la nueva floración»..
— . ► .Las noches son caminos negros de las auroras « ,
Oyendo deshojarse tristemente las horas
Dulces, hablemos de otras flores al corazón.
II
Pobres lágrimas mías las que glisan
A la esponja sombría del Misterio,
Sin que abra en flor como una copa cárdena
Tu dolorosa boca de sediento!
Pobre mi corazón que se desangra
Como clepsidra trágica en silencio,
Sin el milagro de inefables bálsamos
En las vendas tremantes de tus dedos!
Pobre mi alma tuya acurrucada
En el pórtico en ruinas del Recuerdo,
Esperando de espaldas a la vida
Que acaso un día retroceda el Tiempo! . , .
[32]
ANTOLOGIA
EN EL CAMINO
Yo iba «ola al Misterio bajo un sol de locura,
Y tú me derramaste tu sombra, peregrino ;
Tu mirada fue buena como una senda oscura,
Como una senda húmeda que vendara el camino.
Me fue pródiga y fértil tu alforja de ternura:
Tuve el candor del pan, y la llama del vino;
Mas tu alma en un pliegue de su astral vestidurap
Abrojo de oro y sombra se llevó mi destino*
[33]
nEIiMERA AGUSTINI
Mis manos, que tus manos abrigaron, ya nunca
Se enfriarán, y guardando la dulce malla trunca
De tus caricias ¡nunca podrán, acariciar! . . •
En mi cuerpo, una torre de recuerdo y espera
Que se siente de mármol y se sueña de cera^
Tu Sombra logra rosas de fuego en el hogar;
Y en mi alma, un castillo desolado y sonoro
Con pátinas de tedio y humedades de lloro,
¡Tu sombra logra rosas de nieve en el hogar!
[MI
SERPENTINA
En mis sueños de amor, ¡yo soy seipiente!
Gliso y ondulo como una corriente;
Dos pildoras de insomnio y de hipnotismo
Son mis ojos; la punta del encanto
Es mi lengua. . . ¡y atraigo como el llanto I
Soy un pomo de abismo.
Mi cuerpo es una cinta de delicia,
Glisa y ondula como una caricia. . .
[3S]
DELMIRA AGUSTINI
Y en mÍB sueños de odio, ¡soy serpiente!
Mi lengua es una venenosa fuente;
Mi testa es la luzbélica diadema,
Haz de la muerte, en un fatal soslayo
Son mis pupilas; y mi cuerpo en gema
¡& la vaina del rayo!
Si así sueño mi carne, así es mi mente:
Un cuerpo largo, largo de serpiente,
Vibrando eterna, ¡voluptuosamente!
[36]
NOCTURNO
Fuera, la noche en veste de tragedia solloza
Como una enorme viuda pegada a mis cristales*
Mi cuarto : . . .
Por un bello milagro de la luz y del fuego
Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras:
Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices»
Y es tan vivida y cálida tan dulce que me creo
Dentro de un corazón. . .
t37]
DELIOBA. AOITSTINI
Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso
Como flor de inocencia»
Como espuma de vicio!
Esta noche hace insomnio;
Hay noches negras, negras, que llevan en la frente
Una rosa de sol. . .
En estas noches negras y claras no se duerme*
Y yo te amo. Invierno!
Yo te iniagino viejo.
Yo te imagino sabio,
Con un divino cuerpo de mármol palpitante
Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo.
Invierno, yo te amo y soy la primavera. • .
Yo sonroso, tú nievas;
Tú porque todo sabes,
Yo porque todo sueño* . .
. . . Amémonos por eso ! . « .
Sobre mi lecho en blanco,
Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia.
Como espuma de vicio,
Invierno, Invierno, Invierno,
Caigamos en un ramo de rosas y de lirios I
[88]
ANTOLOGIA
DESDE LEJOS
En el silencio siento pasar hora trag hora,
Como un cortejo lento, acompasado y frío...
Ah! Cuando tú estás lejos mi vida toda Hora
Y al rumor de tus pasos hasta en sueños sonrio.
Yo sé que volverás, que brillará otra aurora
En mi horizonte grave como un ceño sombrío;
Revivirá en mis bosques tu gran risa sonora
Que los cruzaba alegre como el cristal de un rio.
DELMIRA AGUSTINI
Un día, al encontramos tristes en el camino
Yo puse entre tus manos pálidas mi destino!
¡Y nada de más grande jamás han de ofrecerte!
Mi alma es frente a tu alma como el mar frente al cielo;
Pasarán entre ellas tal la somhra de un vuelo,
La Tormenta y el Tiempo y la Vida y la Muerte!
[40]
ANTOLOGIA
MI PLINTO
Es creciente, di ríase
Que tiene una infinita raíz ultraterrena • • .-
Lábranlo muchas manos
Retorcidas y negras,
Con muchas piedras vivas, , .
Muchas oscuras piedras
Crecientes como larvas.
Como al impulso de una omnipotente araña
Las piedras crecen, crecen;
Las manos labran, labran.
[41]
1>ELMIEA AGV5T1NI
— ^Labrad, labrad, ¡oh, manos!
Creced, creced, ¡oh, piedras!
Ya me embriaga un glorioaa
Aliento de palmeras. —
Ocultas entre el pliegae más negro de la noche,
Debajo del rosal más florido del alba.
Tras el bucle más rubio de la tarde^
Las tenebrosas larvas
De piedra crecen, crecen,
Las manos labran» labran,
Como capullos negros
De infernales arañas.
—Labrad, labrad, ¡oh, manos!
Creced, creced, ¡oh, piedras!
Ya me abrazan los brazos
De viento de la sierra. —
Van entrando los soles en la alcoba nocturna^
Van abriendo las lunas el camarín de nácar, . ,
Tenaces como ebrias
De un veneno de araña
Las piedras crecen, crecen,
Las manos labran, labran*
— Labrad, labrad, ¡oh, manos!
Creced, creced, ¡oh, piedras!
¡Ya siento una celeste
Serenidad de estrella!
[491
ANTOLOGIA
EL VAMPIRO
En el regazo de la tarde triste
Yo invoqué tu dolor . . . Sentirlo era
Sentirte el corazón! Palideciste
Hasta la voz, tus párpados de cera.
Bajaron. . . y callaste. , . Pareciste
Oír pasar la Muerte ... Yo que abriera
Tu herida mordí en ella — ¿me sentiste? —
Como en el oro de un panal mordiera!
PEUmtA AGUSTINI
Y exprimí más, traidora^ dulcemente
Tu corazón herido mortaLoiente,
Por la cruel daga rara y exquisita
De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto!
Y la& mil bocas de mi sed maldita
^•'Ilgndí a esa fuente abierta en tu quebranto.
qué fui tu vampiro de amargura?. « .
¿Stí^ "flor o estirpe de una especie oscura
Qd0 come llagas y que bebe el llanto?
[44]
ANTOLOGIA
LA RUPTURA
Erase una caáena fuerte como un destino,
Sacra como una vida, sensible como un alma;
La corté con un lirio y sigo mi camino
Con la frialdad magnifica de la Muerte... Con calma
Curiosidad mi espíritu se asoma a su laguna
Interior, y el cristal de las aguas dormidas,
Refleja un dios o un monstruo^ enmascarado en una
Esfinge tenebrosa suspensa de otras vida&
[45]
ANTOLOGIA
DIA NUESTRO
— La tienda de la noche se ha rasgado hacia Oriente. —
Tu espíritu amanece maravillosamente;
Su luz entra en mi alma como el sol a un vergel. . «
— ^Pleno soL Llueve fuego, — Tu amor tienta, es la gruta
Afelpada de musgo, el arroyo, la fruta,
La deleitosa íruta madura a toda mieL
[47]
PaSUrntA AGUSTINI
— El Angelus. — Tus manos son dos alas tranquilas,
Mi espíritu se dobla como un gajo de lilas,
Y mi cuerpo te envuelve* . . tan sutil como un velo.
— ^El triunfo de la Noche. — De tus manos, más bellas,
Fluyen todas las sombras y todas las estrellas,
Y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo!
r48J
AKTOI.OCIA
ELQSNE
Pupila azul de mi parque
Es el sensitivo espejo
De un lago claro, muy clarol . • .
Tan claro que a veces creo
Que en su cristalina página
Se imprime mi pensamiento.
Flor del aire, flor del agua.
Alma del lago es un cisne
Con dos pupilas humanas,
Grave y gentil como un príncipe;
Alas lirio, remos rosa. . .
Pico en fuego, cueQo triste
Y orgulloso, y la blancura
Y la suavidad de un cisne, . .
[40]
DELMIRA AGUSriNI
El ave Cándida y grave
Tiene un maléfico encanto;
— Clavel vestida de lirio.
Trasciende a llama y milagro 1 , , ,
Sus alas blancas me turban
Como dos cálidos brazos;
Ningunos labios ardieron
Como su pico en mis manos;
Ninguna testa ha caído
Tan lánguida en mi regazo;
Ninguna carne tan viva»
He padecido o gozado:
Viborean en sus venas
Filtros dos veces humanos!
Del rubí de la lujuria
Su testa está coronada;
Y va arrastrando el deseo
En una cduda rosada. . ,
Agua le doy en mis manos
Y él parece beber fuego;
Y yo parezco ofrecerle
Todo el Váso de mi cuerpo. » «
Y vive tanto en mis sueños,
Y ahonda tanto en mi carne,
Que a veces pienso si el cisne
Con sus dos alas fugaces.
Sus raros ojos humanos
Y el rojo pico quemante.
Es solo un cisne en mi lago
O es en mi vida un amante. . .
[W]
ANTOLOGIA
Al margen del lago claro
Yo le interrogo en silencio»».
Y el silencio es una rosa
Sobre su pico de fuego . . .
Pero en su carne me habla
Y yo en mi carne le entiendo.
— ^Aveces ¡toda! soy alma;
Y a veces ¡toda! soy cueipo. —
Hunde el pico en mi regazo
Y se queda como muerto» . *
Y en la cristalina página,
En el sensitivo espejo
Del lago que algunas veces
Refleja mi pensamiento,
£1 cisne asusta de rojo,
Y yo de blanca doy miedo!
7
[51]
ANTOLOGIA
FIERA DE AMOR
Fiera de amor^ yo sufro hambre de corazones*
0e palomos^ de buitres, de corzos o leones.
No hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor.
Había ya estragado mis garras y mi instinto,
Cuando erguida en la casi uUralierra de un plinto,
Me deslumhró una estatua de antiguo emperador.
Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra
Ascendió mi deseo como fulmínea hiedra
Hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;
Y clamé al imposible corazón ... la escultura
Su gloria custodiaba serenísima y pura.
Con la frente en Mañana y la planta en Ayer.
[531
DELMZRA AGUSTINI
Perenne mí deseo, en el tronco de piedra
Ha quedado prendido como sangrienta hiedra;
Y desde entonces muerdo soñancJo un corazón
De estatua, presa suma para mi garra bella;
No es ni carne ni mármol: una pasta de estrella
Sin sangre, sin calor y sin palpitación. . »
Con la esencia de una sobrehumana pasión!
ANTOLOGIA
OTRA ESTIRPE
Eros yo quiero guiarte. Padre ciego « • «
Pido a tus manos todopoderosas,
Su cuerpo excelso deiranií^do en fuego
Sobre mi cuerpo desmayado en rosas!
La eléctrica corola que hoy desplego
Brinda el nectario de un jardín de Esposas;
Para sus buitres en mi carne entrego
Todo un enjambre de palomas rosas l
[55]
DBLMIRA AGUSTINI
Da a las dos sierpes de su abrazo, cnieles,
Mi gran tallo febril. . . Absintio, mieles,
Viérteme de sos venas, de su boca
¡Así tendida soy un surco ardiente,
Donde puede nutrirse la simiente,
De otra Estirpe sublimemente loca!
[56]
ANTOLOCIA
PLEGARIA
— Eros: acaso no sentiste nunca
Piedad de las estatuas?
Se dirían crisálidas de piedra
De yo DO sé qué formidable raza
En una eterna espera inenarrable.
Los cráteres dormidos de sus bocas
Dan la ceniza negra del Silencio,
Mana de las columnas de sus hombros
La mortaja copiosa de la Calma,
Y fluye de sus órbitas la noche;
Víctimas del Futuro o del Misterio,
En capullos terribles y magníficos
Esperan a la Vida o a la Muerte^
Eros: acaso no sentiste nunc^a
Piedad de las estatuas? —
[57]
DELMZRA AGUSTINI
Piedad para las vidas
Que no doran a fuego tua bonanzas
Ni riegan o desgajan tus tormentas;
Piedad para los cuerpos revestidos
Del arminio solemne de la Calma,
Y las frentes en luz que sobrellevan
Grandes lirios marmóreos de pureza,
Pesados y glaciales como témpanos;
Piedad para las manos enguantadas
De hielo, que no arrancan
Los frutos deleitosos de la Carne
Ni las flores fantásticas del alma;
Piedad para los ojos que aletean
Espirituales párpados:
Escamas de misterio,
Negros telones de visiones rosas . . .
¡Nunca ven nada por mirar tan lejos!
Piedad para las pulcras cabelleras
— Místicas aureolas —
Pernadas como lagos
Que nunca airea el abanico negro,
Negro y enorme de la tempestad;
Piedad para los ínclitos espíritus
Tallados en diamante,
Altos, claros, extáticos
Pararrayos de cúpulas morales;
Piedad para los labios como engarces
Celestes donde fulge
Invisible la perla de la Hostia;
— ^Labios que nunca fueron.
Que no apresaron nunca
Un vampiro de fuego
Con más sed y más hambre que xm abismo. — •
[58]
ANTOLOGIA
Piedad para los sexos sacrosanto»
Que acoraza de una
Hoja de viña astral la Castidad;
Piedad para las plantas imantadas
De eternidad que arrastran
Por el eterno azur
Las sandalias quemantes de sus llagad;
Piedad, piedad, piedad
Para todas las vidas que defiende
De tus maravillosas intemperies
El mirador enhiesto del Orgullo:
Apúntales tus soles o tus rayos!
Eros: Acaso no sentiste nunca
Piedad de las estatuas? • . .
[591
ANTOLOGIA
I
EL NUDO
Su idilio fue una lai^a sonrisa a cuatro labios. , .
En el regazo cálido de rubia primavera
Amáronse talmente que entre sus dedos sabios
Palpitó la divina forma de la Quimera.
En los palacios fúlgidos de las tardes en calma
Hablábanse un lenguaje sentido como un lloro,
Y he besaban hondo hasta morderse el alma! • . ,
Las horas deshojáronse como flores de oro.
[61]
0ELMIBA AGUSTINI
Y el Destino interpuso sus dos manos heladas . ,
Ah[ los cuerpos cedieron, mas las almas trenzadas
Son el más intrincado nudo que nunca fue . • .
En lucha con sus locos enredos sobrehumanos
Las Furias de la vida se rompieron las manos
Y fatigó sus dedos supremos Ánanké. . .
[62]
ANTOLOGIA
UNA CHISPA
Fue un ensueño de fuego
Con luce& fascinantes
Y fieras de rubíes tal heridos diamantes;
Rayo de sangre y fuego
Incendió de oro y púrpura todo mi Oriente gris*
Me quedé como ciego . . .
¡Qué hiz! , , . — ¿Y luego y luego? , . ,
— ¿Luego? . . « El Oriente gris. . «
[«3J
AKT0L06IA
CEGUERA
Me abismo en una rara ceguera luminosa
Un astro, casi un alma, me ha velado la Vida.
¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa,
O en su disco de luz he quedado prendida?
No sé. . .
Rara ceguera que me borras el mundo,
Estrella, casi alma, con que asciendo o me hundo:
Dame tu luz y vélame eternamente el mundo!
£65]
VOLUMENES PUBLICADOS
1. — Carlos María Ramírez: Artigas
2. — Carlos Vaz Ferreira. Fbrkontaeio.
3. — Carlos Reyles: El Terruño y PRiMnrro.
4. — Eduardo Acevedo Díaz: Ismael.
5. — Carlos Vaz Ferrena: Sobre los problemas socialib.
6. — Carlos Vaz Ferreira: Sobre la propiedad de la nstxA.
7. — José María Reyes: Descripción geográfica del teuu-
TORIO DE LA RepÚBUCA O DEL UrUGÜAY. (TomO I),
8 ^ José María Reyes: Descripción geográfica del tbibi-
TORIO DE LA ReP^ÍBLICA O. DEL UrUGUAT, (TomO U)»
9, — Francisco Bauzi* Estudios literarios.
10. — Sansón Carrasco: Artículos.
11. — Francisco Bauza: Estudios coNSTirucxONALEs»
12. — José P. Massera: Estudios filosóficos.
13. — El Viejo Pancho; Paja brava.
14. — José Pedro Bellan: Do^^arramona.
15. — ]^duardo Acevedo Díaz. Soledad y El combate vk
LA tapera.
16. Alvaro Armando Vasscur: Todos los CAin'oa,
17. — Manuel Bernárdez: Narraciones.
18* — Juan Zomlla de San Martín. Tabaré.
19. — Javier de Vianar Gaucha.
20. — María Eugenia Vaz Ferreira: La isla de los cánticos.
21. — José Enrique Rodó: Moriros de Proteo. (Tomo I),
22. — José Enrique Rodó, Motivos de Proteo. (Tomo II),
23. — Isidoro de María: Montevideo antiguo. (Tomo I).
24. Isidoro de María; Momtcvideo antiguo. (Tomo 11).
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